
Correr y correr, no hago más que correr. Los malvados me persiguen y yo solo debo correr. ¿Hacia dónde voy? ¡Debo seguir hasta poder esconderme! ¿Por qué me pasa esto a mi? Sigo corriendo mientras ellos gritan a lo lejos:
– ¡IMBÉCIL! ¡VEN AQUÍ COBARDE! ¡NO HUYAS! ¿¡QUÉ PASA CARACULO, TIENES MIEDO?!
A lo lejos conseguí ver un árbol, un tanto extraño, pero lo bastante grande para poder esconderme al menos de aquellos salvajes. Desprendía una luz violeta que tentaba a cualquiera que entrase en aquel bosque, era tan grande que casi podías dormir en sus ramas. Un gran sauce que al parecía tener muchos años.
-¡Mierda!
El cielo empezó a oscurecer y la lluvia comenzaba a caer con tanta fuerza que podría penetrar cualquier edificio. Me escondí bajo aquel árbol que conseguía cubrirme con sus grandes hojas y donde la lluvia a penas llegaba a mis pies. Como si él mismo me protegiera.
Y entonces, arranqué a llorar.
– ¿Por qué? ¿Por qué aquellas personas hicieron algo tan horrible? – Dije en voz baja.
– Porque son humanos. – Dijo una voz acercándose.
– ¿Hola? ¿Quién eres tú? ¿Quién habla?- Dije asustada.
A lo lejos se veía una sombra negra acercándose a mi.La lluvia tapaba todo lo que había a mi alrededor, y era incapaz de enfocarlo con mis ojos.
– Tan solo pasaba por aquí y he visto a una pequeña humana llorando en este árbol sagrado.. ¿Que pasa pequeña? ¿Te asusta la tormenta?- Dijo en un tono amenazador.
– ¿Árbol Sagrado? ¿Qué es este sitio? ¿Y quién eres tú?
De repente lo vi. Vi aquella sombra que se acercaba y de pronto ante mis ojos apareció. Un lobo negro de un pelaje largo y color intenso. Su ojo derecho estaba destrozado. Era aterrador. Era realmente grande e impresionaba a simple vista.
– Demasiadas preguntas querida humana. Siempre andáis con preguntas y queréis saberlo todo. Quienes somos, de dónde venimos… Solo te voy a responder a una querida. Soy el guardián de este bosque, protejo este árbol sagrado desde hace milenios. Y tú no deberías estar aquí. Una humana solo sabe contaminar todo aquello que pisa por su camino.
– Perdona, yo solo…quería resguardarme de aquellos salvajes. – Dije muy asustada.
-¿Salvajes? ¿Qué salvajes puede haber aquí niña?
– Verás, me encontré con que unas personas, estaban atacando a un pobre animal indefenso con sus crías. Yo solo… ¡Solo quería defenderlo! ¿Por qué se me castiga a mi? – Volví a arrancar a llorar.
De repente el lobo se acercó y me miro fijamente a los ojos. Tratando de interpretar lo que decía con mi llanto sin parar. Me gruñó, mostrando sus enormes colmillos que podían atravesar a cualquiera que se pusiese en su camino. Me asusté aún más.
– ¡Deja de llorar! ¡Tu eres humana como ellos! ¿Verdad?- Dijo gruñendo con fuerza. ¿En qué se diferencia? Los humanos merecéis no existir, habéis destrozado este planeta, habéis destrozado nuestra especie. ¿A caso merecéis que se os perdone? ¡No deberías estar aquí !¡Tu también eres uno de ellos!
– Calma, calma mi querido. Deja a esa pequeña en paz. No te ha hecho nada. – Se oye una voz femenina muy dulce que también se acerca a mi.
Era una loba. Una gran loba de pelaje blanco tan largo, liso y resplandeciente que podía cautivar a cualquiera. Sus ojos reflejaban las lágrimas de mi llanto. Tan grandes de color avellana.
– Es mi deber defender este bosque, no puedes impedir que actue a mi manera. – Gruño el lobo.
Miró fijamente al lobo durante unos segundos. Después, fijó su mirada en mi.
– Ven mi pequeña, explícame que ha ocurrido.- Dijo con tono dulce. – Perdona sus modales, pero es que no se lleva muy bien con los humanos. Y lo paga con todo aquel que pasa por su camino.
– No.. No pasa nada. – Dije un poco confusa.
– ¿Y bien? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué una niña como tú anda por aquí sola?
La lluvia dejaba de caer y las nubes desaparecían despejando el cielo azul. Y yo, aún tenía resto de lágrimas en mi rostro.
– Yo solo defendía a ese pobre animal. Y a mi siempre me atacan por ser diferente, por defender algo que supuestamente es diferente a mi. ¡No es justo! – Grité. – ¿Pero no es así verdad? Siempre he pensado que debía proteger lo que estuviera en peligro, proteger este mundo de aquella gente que ataca sin motivo. ¿No crees que atacar a alguien indefenso está mal? Sigo sin entender el porque se me castiga a mi por defender mis principios y lo que yo amo.
– Pequeña. Veo que aún no sabes mucho, aún así tienes buen corazón. Pero no te asustes, te voy a contar algo. – Dijo la loba.
– El lobo negro que te has encontrado es mi esposo. Tuvo una gran pelea hace años con los humanos. Le castigaron y le quemaron el ojo. Le torturaron de tal manera que quedó muy mal herido. Él solo pretendía defender este bosque. Y aquellas personas decidieron cortar tantos árboles como podieron. Dejaron el terreno vacío, y muchos animales murieron por culpa de aquello. Mi esposo vió ante sus propios ojos como torturaban a animales y a personas que simplemente se divertían con ello en el bosque. Hace muchos años, los humanos convivían con los animales pacíficamente. Era un lugar lleno de felicidad. Los niños corrían y disfrutaban de la naturaleza. Se podría decir que fue una época gloriosa. Hasta que llegó el día en que llegaron ellos. Y lo arrasaron todo. Cortando todo a su paso y llenando con llamas todo aquello que pisaban. Desde entonces, mi esposo no quiere humanos en este bosque. Por eso te trató de aquella manera, no le culpes.
– Yo, lo siento…- Dije con tono de triste.
– No te disculpes por algo que no has hecho. No tienes la culpa de nada. Solo que, debes aprender que los humanos no saben convivir con aquello que es diferente a ellos. Todo lo que es diferente a uno mismo es atacado hasta volver a sentirse seguros. Las personas ansían el poder y la libertad. Y tu, mi pequeña, has nacido en un mundo donde hay una constante guerra que no finaliza. Una guerra eterna que lucha por su propio beneficio. Pero, debo decirte que no todo es así. También hay buenas personas, y quizás algún día entenderás que el ser humano lo que necesita es amar. Por mucho que cueste decirlo, por muy aterrador que te parezca, el bien y el mal siempre han de estar unidos. Luz y oscuridad, sol y tormenta, amor y odio. El yin y el yang. Has de aprender a bailar bajo la tormenta.
– Lo que dices es cierto. Pero, ¿eso quiere decir que no puedo defender lo que amo? ¿Que siempre seré juzgado por mis acciones? No creo que eso sea justo.. – Dije seria.
– Mi pequeña. Siempre has de defender aquello que amas. Y eso eres tú mismo. El ser humano tratará siempre de salvarse a si mismo, pero ello no te ha de impedir que ayudes a los demás; a impedir que no puedas decidir. Recuerda, defiende lo que tú realmente creas que has de defender. Pero nunca olvides que no estás solo, siempre habrá alguien que iluminará tu camino, pero también habrá personas que lo destruyan. Has de aprender a amar y no olvidar jamás quien eres de verdad. Porque si no, estarás perdida. Ama bajo la tormenta, ama bajo las piedras que caen, ama bajo la luz y la oscuridad. Solo así encontrarás el equilibrio de la vida.
– Gracias…disculpa pero es que no se cual es tu nombre
– Mi nombre es solo un nombre. Yo soy la luz que guía este bosque. Llámame como prefieras, querida humana.
– Está bien, te llamaré Estrella. Ese será tu nombre.
– jajaja- Un nombre muy oportuno, pequeña. ¿Y tú cómo te llamas? Aún no se tu nombre.
– Me llamo Arya. Ese es mi nombre.
– Muy bien pequeña Arya, ahora, es hora de que vuelvas, es hora de que despiertes.. no crees?
– ¿Despertar?…
Y de repente, Desperté.



